viernes, 21 de julio de 2017

¿Dónde se irán los momentos que gasté?

Si ya elegí y no puedo volver atrás...
¿Qué culpa tiene el tiempo?
 
Y me perdí algún tren por buscar sin razón...



martes, 20 de junio de 2017

Dolor

Mientras nosotros nos creemos que podemos aguantarnos el dolor en el alma, el cuerpo sabe que no, entonces va aprendiendo a ir desactivándose de a poco hasta lograr apagarnos por completo.

sábado, 17 de junio de 2017

POEMA DE MI ERROR

Si yo fuera un robot yo bien podría
aplicar el algoritmo del amor.
Ya estaría programada la secuencia
para cada predecible situación.
Si yo fuera un sistema ya tendría
evaluado el rendimiento
del programa para amar.
Ya estarían ajustadas las variables
para evitar todo momento
en que amar pueda fallar.
Si yo fuera la programadora de mi vida
no estaría nunca lista para vivir.
Corrigiendo y corrigiendo me pasaría,
ni el más mínimo error me podría permitir.
Si yo fuera un androide,
no tendría sentimientos, ni conciencia,
ni dolor.
No estaría yo escribiendo este poema
de mi error.

lunes, 29 de mayo de 2017

Síntomas

Dicen
que el moco es el llanto contenido,
que el frío es el deseo reprimido de irse del lugar,
que las puntadas en la panza son las palabras que no se expresan,
que la migraña es no querer pensar,
que el dolor de espalda es no querer seguir cargando con un gran peso de hace tiempo,
que el dolor del corazón es una gran tristeza que no tiene solución.

miércoles, 24 de mayo de 2017

RELEERSE

Debería releer periódicamente las poesías que he escrito,
así no vuelvo a lamentar las mismas elegías.

lunes, 8 de mayo de 2017

Abismo, II.

Abrir la boca para soltar el grito mudo
por no poder decir
te extraño
porque es mentira,
ya que mi orgullo debería ser más importante
que tu partida
lenta,
rara
y dolorida.
Y si te dí
el peor año de mi vida
no tuve la intención
pero tampoco tenía corazón,
y si te tuve alguna vez fue por error
y si no supe tenerte fue temor
o haber perdido nuevamente la razón.

Y si me como las uñas cada día
es para no pensar
que no supe entender tu compañía,
que hubo mucho que no pude expresar,
que te hayas ido cuando yo realmente ya no estaba
es ironía.
Que la memoria es mentirosa,
que el pasado no era rosa,
Que no se más que escribir
para poder escupir
sin molestar
este mal gusto, este malestar
que no debe progresar.

Que enumero boludeces
que acumulé en unos meses,
que la música canaliza,
las remueve como briza,
que levanta la tierra pero no se la lleva,
que la casa vieja se limpia con la casa nueva
que todo lo que dije no lo creo
pero de algún lado brota
y aunque parezca una idiota
que se deja llevar por las palabras
al abismo,
al que caigo cada día
te voy a dejar ir
aunque se haga como siempre más difícil sonreir.


martes, 25 de abril de 2017

Vos, abismo.

Me gusta caminar por la cornisa
para ver a dónde no he caído
todavía
para sentir
el vértigo,
ese que Kundera dice
que es querer saltar
y nunca hacerlo.

Mirar el fondo,
mirar tan fijamente
y creerse allí tirado,
agonizando.

Me gusta caminar por la cornisa
o tal vez no lo disfruto.

No se si es la cornisa o el pasado,
en algún momento perdí la perspectiva,
ya no se lo que es atrás,
lo que es el centro,
lo que es arriba,

Mi vértigo pretérito
de haber perdido el empujón
y ahora estar flotando a la deriva
y no en el fondo
viviendo con el aguaviva.

¿Por qué te sigo hablando, amor
si nunca fue tu amor lo que quería?


¿Por qué lo que era abismo antes
hoy es, en algún punto, supremacía?

Más vale que te vayas, cornisa,
no te quiero,
los años me hacen vieja
y necesito un piso firme
para andar
sin caer,
sin tambalear,
sin estar perdida.

martes, 21 de febrero de 2017

Juego con timetravelling mental

El día empezó un día antes, viendo una película donde el protagonista estaba en su pasado, en su presente y en su futuro constantemente. Película que me dejó pensando al terminar, y que me sorprendió en mis pensamientos al despertar del otro día. Interesante si las hay, pero no esperaba que se estuviera proyectando en lo que iba a ser un día (una noche) fuera del tiempo mental.
Cayó el sol y me dispuse a salir de mi casa después de una semana de cuarentena, sabiéndome en un estado no del todo recuperado, pero con la necesidad de "vivir un rato, disfrutar un momento". Muy carpe diem, dirían por ahí. "Soltar" dirían los new age. Claro que a mí soltar, propiamente dicho, nunca me salió bien. Ni soltar hacia adelante ni hacia atras.
Y salí. Me subí al tablero, y me paré en el casillero designado. Y el juego arrancó tranquilo. Había jugadores agrupados, hablando de tácticas que no entendí. Y tiré los dados, y caí un poco más lejos de lo esperado. Pero bueno, allí fuí.
Y se largó a llover, como si fuera estrictamente necesario el cliché del escenario de película. Mi yo presente, mi personaje actual, tenía muchas herramientas y sortilegios acumulados para poder atravesar sin problemas esa aventura.
Pero de golpe, como siempre en cualquier juego, el narrador sacó su mejor pieza y complicó.
Y yo, que presenti el dolor en mi talón de Aquiles, quise retirarme de la mesa, pero mi orgullo y mi placer por jugar, sabiendo que igual nunca llevo las de ganar, me hicieron quedar.
Y el monstruo tiempo, sutil, hermoso y veneoso, fue hechizando las barreras del presente, del pasado y del futuro, y mi yo presente se perdió.
Se perdió por completo, todavia hoy no he sabido a dónde fue esa noche.
Claro que alguien tuvo que seguir jugando. No se bien quién se quedó: Mi yo pasado desquisiado, desahogando, depurando restos de basura que quedaba,  o mi yo futuro construyendo el muro, reconstruyendo las barreras mentales que estaban hechizadas.
No se si lo sabré. Mi yo presente volvió al día siguiente, a continuar desde el punto en que habia puesto pausa.
Lo único importante en el juego siempre es no morir.